Cosa Pública

Combate de Gallegos de Argañán (4/7/1810)

Plano del Combate de Gallegos de Argañán

Transcripción de las páginas 191 a 195, del libro "Los asedios de Ciudad Rodrigo y Almeida 1810", de Donald Horward. Publicado en 1984 por la Diputación de Salamanca. ISBN: 84-7797-262-1.

Mientras el ejército francés preparaba el asalto a Ciudad Rodrigo, sus jefes temían que Wellington, que tenía desplegadas sus tropas a lo largo de la frontera, los atacara para socorrer Ciudad Rodrigo. En esta situación eran frecuentes los reconocimientos, para tener localizado al enemigo y como consecuencia de uno de ellos, el 4/7/1810 tuvo lugar el combate de Gallegos entre tropas francesas e inglesas y portuguesas y que Donald D. Horward narra de la forma siguiente en su libro “Los asedios de Ciudad Rodrigo y Almeida, 1810” (1):

Masséna preparó otra inspección de los puestos británicos. A las siete y media de la tarde del 3 de julio, escribió a Junot: “Envía... al general Sainte-Croix o a cualquier otro que juzgues capaz con 600 u 800 jinetes y artilleros con orden de hacer retroceder a los puestos avanzados ingleses y conocer así la localización exacta y las fuerzas con las que cuentan”. Antes del amanecer del 4 de julio, Sainte-Croix, acompañado de Junot, avanzó desde Marialba hasta Gallegos con cinco batallones de infantería y seis escuadrones de dragones, apoyados por varias unidades de artillería ligera. Después de cruzar el río Azaba, la vanguardia, compuesta por doscientos jinetes, rechazó a los piquetes británicos, persiguiéndoles durante casi cuatro kilómetros. Un capitán del 16.° de dragones ligeros afirmó: “Ordené que mis hombres montaran a caballo al ver que el enemigo se acercaba al galope y tuvimos muchas dificultades para deshacernos de ellos”.

Las tropas británicas situadas en Gallegos, compuestas por dos escuadrones del 16.° de dragones ligeros, un escuadrón del 1º de Húsares y dos cañones bajo el mando del teniente coronel Arenrschild, detuvieron y rechazaron a los dragones franceses hasta que la columna principal vino en su auxilio. Una vez que Sainte-Croix había reunido sus fuerzas en las colinas que dominan el caserío de Gallegos, el coronel Grandseigne ordenó formar al 1.º de dragones y a un escuadrón de Húsares y atacó e1 pueblo, que estaba defendido con barricadas. El capitán Krauchenberg condujo a su escuadrón al galope, apoyado por el 16.° de dragones ligeros para responder al avance de los franceses, que se encontraban apenas a quince pasos. Algunos jinetes, dirigidos por Cornet Cordemann, desmontaron e intentaron mantener la posición sobre un pequeño puente. Pronto la caballería británica, apoyada por (los cañones del teniente Alexander Macdonald situados en un cementerio, se retiró organizadamente y ocupó una posición en un barranco y un arroyo, más allá de Gallegos.

Mientras la fuerza principal de Sainte-Croix avanzaba hacia el riachuelo, otra columna intentó flanquear y cortar el paso a los ingleses, apoderándose del puente de piedra situado a un kilómetro y medio de Gallegos, en el camino a Alameda. La caballería británica cruzó el puente a toda velocidad y se reagrupó. Tan pronto como la columna francesa que iba al frente cruzó el puente, algo desorganiza dada la velocidad de la persecución, Krauchenberg atacó con treinta hombres del 1.º de Húsares de la Legión Alemana del Rey. Aunque el capitán Bellis se negó a apoyarle con todo su escuadrón del 16.° de Dragones ligeros, el capitán germano hizo retroceder a los franceses al otro lado del puente con la pérdida de dos oficiales y varios soldados. Craufurd ordenó a Macdonald concentrar e1 fuego de su artillería montada sobre el puente, pero la caballería de Sainte-Croix mantuvo la posición. Mientras otras columnas francesas maniobraban para flanquear a los ingleses. Finalmente, Krauchenberg se retiró con sus Húsares y se unió al galope al 16.° de Dragones ligeros, “con los dragones franceses pisándonos los talones” durante un kilómetro.

Los franceses entraron en contacto con la infantería de Craufurd frente al pueblo de Alameda. El 43.° y el 52.° de infantería británicos se detuvieron en el camino, y el 95.º Rifles formó en línea a la izquierda, con los portugueses del 3º de caçadores. Los jinetes alemanes y británicos formaron en línea con la infantería y se desplegaron varias piezas de artillería. Pronto, Craufurd retiró su infantería al otro lado del río Dos Casas, mientras su caballería se veía abocada a resistir frente a Alameda hasta que estuvieron a punto de ser flanqueados; los jinetes se retiraron por el pueblo hacia el Dos Casas perseguidos por los dragones franceses. Macdonald abrió otra vez fuego sobre los franceses para proteger la retirada británica y pronto, toda la División Ligera se colocó detrás del río Dos Casas. Se apostaron piquetes a lo largo de la margen oeste del río; Craufurd retiró su infantería en dirección a La Concepción y adoptó una posición defensiva cubriendo Vale da Mu1a. Junot observó cuidadosamente los movimientos británicos y reconoció las posiciones aliadas en el Fuerte de La Concepción antes de retirar sus tropas. Dejó una avanzadilla en Gallegos con centinelas desplegados en dirección a Alameda, pero el resto de las fuerzas de Junot se retiró detrás del Azaba. Como resultado de este reconocimiento, que costó veinte heridos y cuatro muertos, escribió a Masséna “el ejército británico se ha retirado a la frontera portuguesa para defender la posición; se comenta que La Romana ha hecho su aparición con un ejército de 8.000 hombres, que La Carrera se ha unido a los ingleses con 6.000 [y] que los guerrilleros, don Julián y Mera, se encuentran en el ala derecha del ejército enemigo en dirección a Fuenteguinaldo.

Mientras Junot acompañaba a la columna principal de reconocimiento en su avance contra la división Ligera de Craufurd, Trelliard avanzó sobre el flanco aliado por los bosques de encinas que se extendían hacia el sur, pero no encontraron tropas enemigas. El general Montbrun abandonó Fonseca con la caballería, 800 soldados de infantería de la brigada de Ferey y varias piezas ligeras de artillería para inspeccionar las posiciones españolas en Espeja y empujarles hacia Alameda. Sin embargo, los puestos españoles se retiraron al ver que se aproximaba el enemigo, y cuando la caballería francesa llegó a Espeja se supo que La Carrera se había retirado en dirección a Alameda. Las posiciones del enemigo estaban ahora claramente localizadas y cuidadosamente vigiladas, pero Masséna quería ver el despliegue aliado con sus propios ojos. Por lo tanto, con un pequeño grupo de ayudantes, Peler incluido, visitó el cuartel general de Junot en Palacios y los puestos avanzados que se extendían desde Marialba hasta el Azaba, desde donde pudo examinar el terreno ocupado por la vanguardia enemiga. Después de observar algunos de los primitivos puestos de Craufurd, Masséna regresó al cuartel general de Junot para almorzar, “donde los comandantes mantuvieron largas disertaciones sobre teología, literatura y política”.

Mientras se realizaban estos reconocimientos de las posiciones aliadas, las operaciones de sitio de Ciudad Rodrigo continuaban sin interrupción.

Notas:

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